jueves, 8 de octubre de 2015

Un viaje, un autobús en las alturas y un poco de turismo peruano.

¿Salir con dos horas de retraso de vuelo hacia una de las experiencias de tu vida, ¿es empezar con buen pie? Bueno, dos horas de retraso y el catalán más pesado de la historia, prometían en un viaje de unas doce horas de duración. Pero ver la cordillera de los andes amaneciendo a vista de pájaro, no tiene precio.

Nos encontramos en Lima, sin un sol (moneda peruana) y la casa a cuestas, en busca de un banco para cambiar algo de dinero (ya que en el aeropuerto te pueden timar un poquito) para conseguir un taxi de los miles; perdón, millones que había para llevarnos a nuestro destino: barrio de Rimac.

Queremos destacar y compartir con vosotros “el tour” desde el aeropuerto a nuestro destino. Ejem, ejem… se resume en… Holaaaaaaaaaaaaaaa, ¿saldremos de esta?  ¿Os imagináis una ciudad de diez mil millones de habitantes conduciendo sin ley alguna, con “cientocien” carriles que hay en algunas zonas, combis, taxis (legales e ilegales), motocarros, perros sueltos, vendedores ambulantes en medio de la carretera… si amigos, estamos hablando de Lima, la capital donde el que primero llega es el que más ****** tiene.

Tras dejar las maletas en Rimac y coger el primer taxi ilegal de nuestra experiencia (nos lo habían aconsejado), nos fuimos a hacer un poco de turismo al centro de la ciudad (muy bonito: la plaza de armas sobre todo) en compañía de este mismo taxista tan simpáaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaatico, que nos acompañaba PORQUE QUERÍA, repetimos quería. Pero realmente, lo que buscaba eran los 100 soles que nos cobró posteriormente, el muy salao, por su compañía (si, si, hemos pagado la novatadacon creces) jajajaja.


Por fin nos encontramos en el mejor barrio de Lima (la Victoria); con mejor nos referimos a donde mejor juegan al despiste (vamos, mochilitas bien agarradas gringas), montadas en el autobús que nos llevaría hasta la soñada Villa Rica: el bus más lujoso y cómodo en el que hemos montado nunca (esto es verdad, nos reímos del supra de Alsa…). Después de un viaje largo, complicado y agotador, puesto que hemos cruzado los Andes (esas pequeñas montañas de 4300 m.), el mal de altura no ha podido con nosotras aunque las náuseas y la dificultad para respirar nos han acompañado un rato en el que Alba denomina “el viaje de la muerte”.



Tras esta diferente noche, nos hemos encontrado en Villa Rica a las 7 menos 10 de la mañana con 12472581231 peruanos diferente sugiriéndonos llevarnos a casa en motocarro, cual “flyers” locos insistiendo para que entres en la “Penelope”.

Bueno amigos, nos despedimos ya, comentándoos que hoy hemos conocido el Perú que todos creemos conocer, una familia encantadora y nuestra casa durante el próximo mes y medio. ¡Mañana por fin, conoceremos a nuestros niños!



¡Hasta la próxima con wifi!

Saludintxis (:






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