Tras dejar las maletas en Rimac y coger el primer taxi
ilegal de nuestra experiencia (nos lo habían aconsejado), nos fuimos a hacer un
poco de turismo al centro de la ciudad (muy bonito: la plaza de armas sobre
todo) en compañía de este mismo taxista tan simpáaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaatico, que
nos acompañaba PORQUE QUERÍA, repetimos quería. Pero realmente, lo que buscaba
eran los 100 soles que nos cobró posteriormente, el muy salao, por su compañía
(si, si, hemos pagado la novatadacon creces) jajajaja.
Por fin nos encontramos en el mejor barrio de Lima (la Victoria); con mejor nos referimos a donde mejor juegan al despiste (vamos, mochilitas bien agarradas gringas), montadas en el autobús que nos llevaría hasta la soñada Villa Rica: el bus más lujoso y cómodo en el que hemos montado nunca (esto es verdad, nos reímos del supra de Alsa…). Después de un viaje largo, complicado y agotador, puesto que hemos cruzado los Andes (esas pequeñas montañas de 4300 m.), el mal de altura no ha podido con nosotras aunque las náuseas y la dificultad para respirar nos han acompañado un rato en el que Alba denomina “el viaje de la muerte”.
Tras esta diferente noche, nos hemos encontrado en Villa
Rica a las 7 menos 10 de la mañana con 12472581231 peruanos diferente
sugiriéndonos llevarnos a casa en motocarro, cual “flyers” locos insistiendo
para que entres en la “Penelope”.
Bueno amigos, nos despedimos ya, comentándoos que hoy hemos conocido el Perú que todos creemos conocer, una familia encantadora y nuestra casa durante el próximo mes y medio. ¡Mañana por fin, conoceremos a nuestros niños!
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¡Hasta la próxima con wifi!
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